Quiero deternerme a reflexionar sobre la selección Argentina. Mucho se ha hablado desde la eliminación ante Uruguay; poco se ha dicho sobre una solución potable con miras a las próximas Eliminatorias para el Mundial 2014.
Argentina tiene delanteros de élite, un mediocampo aceptable y una defensa en la que nigún convocado está entre los mejores del mundo.Omar Asad, contó una vez, que dirigió una prueba de juveniles en Vélez. De 300 chicos que se presentaron, solo el 10% eran defensores -el resto delanteros y volantes creativos-. Este dato implica que se debe cambiar el mensaje en los primeros pasos del jugador ya que piensan en el dinero que ganan sus referentes -la mayoría, delanteros-. Este orden decreciente, entonces, se ve desde las inferiores. Los entrenadores, para equiparar las líneas, deben convertir volantes carrileros y de recuperación, en laterales y centrales, respectivamente.
Desde la renuncia de Pekerman post Alemania 06', tres entrenadores pasaron por el banco argentino: Basile, Maradona y Batista -nuestro verdugo Uruguay, en el mismo lapso de tiempo, mantiene aún al maestro Tábarez-. De los técnicos nombrados ninguno ha mostrado una identidad clara ni formar un grupo sólido. A Basile, según él, le "hicieron una cama"; Maradona no logró emitir bien su mensaje a sus dirgidos y Batista carece de autoridad y motivación, requisitos para unir un grupo. Además, con el pasar de los años se han seleccionado DT's con distintas raíces futbolísticas; solo se ampararon para elegir en los éxitos que tuvieron con clubes o por la gran referencia que fueron para la selección. Cabe aclarar, ante esto, que lamentablemente, por tradición e idiosincrasia argentina, los entrenadores están atados al éxito rápido y constante; dejando de lado los proyectos a largo plazo que, si son serios y con objetivos nítidos, traen grandes frutos.
Así como los proyectos a largo plazo traen grandes beneficios, algunos son turbios y están manchados. Suelen estar cubiertos por títulos y encubiertos por organizaciones poderosas. Estamos hablando de la gestión de J. Grondona en la AFA. Más de 30 años en el poder no es bueno en ningún lado ni ámbito. El fútbol tampoco esta exento de eso. La gestión de Grondona ha debilitado el fútbol argentino; la esencia del fútbol de nuestro país. Nunca más se volverán a ver equipos como la Máquina de River, el Ciclón de Boedo, el Huracán de Menotti o el Boca de Lorenzo. La AFA ha dado un giro brusco hacia los negocios y el dinero fácil. Este cambio trajo efectos negativos en el que una persona, amparada por lacayos que reciben dinero extra, decide el rumbo en favor de sus propios intereses.
Revisando estas tres partes del seleccionado (jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes) nos damos cuenta que el fútbol argentino está podrido de raíz. No servirá una tormenta fuerte y grandes rayos de luz para cambiar está situación. Eso solo cambiará lo externo, descuidando los problemas de fondo.
Lo que hace falta es plantar un árbol nuevo -que crezca sano y sin bichos devastadores-. Se necesita un cambio rotundo en todos las ámbitos de nuestro querido deporte -incluido el periodismo-. Un cambio que va a traer esperanzas (por lo menos en mí) hacia el futuro, donde cada partido nos haga crecer y creer; y que cada crítica que reciba el seleccionado sea solo futbolística y nos permita seguir creciendo aún más
Lo malo, es que no veo ese futuro cercano.

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